La Ilíada. ¡El drama continua! (Resumen de los doce cantos restantes)
Zeus, quien
hasta ese momento dirigía los acontecimientos y había acercado a Héctor y los
troyanos a las naves, abandona por un
momento sus planes. Al apartar la mirada de la batalla, Poseidón aprovecha esta circunstancia
para organizar la resistencia en el
bando aqueo. Poseidón, observando la lucha desde Samotracia y
compadecido por los dánaos, viaja rápidamente a su morada en Egas, unce sus
caballos y se dirige hacia el campamento aqueo por encima del mar. Llega a una
gruta y, dejando allí sus caballos, se encamina a pie hacia el ejército aqueo.
Encuentra a los aqueos agotados, asustados por la presión de los troyanos sobre
su muralla, y temiendo no escapar del peligro.
Poseidón
interviene para reanimar las filas aqueas. Se aparece primero a figuras
clave como los dos Ayantes, Teucro, Idomeneo, Meriones y Antíloco,
infundiéndoles valor bajo la apariencia del adivino Calcas. Les dice a los
Ayantes que, si resisten unidos, podrán salvar a los aqueos. Los Ayantes reconocen
la presencia del dios. Poseidon continúa recorriendo las filas, dando ánimos a
otros guerreros. Idomeneo, regresando del cuidado de un amigo herido, se
encuentra con Poseidón (todavía disfrazado) y hablan sobre la difícil situación
de los aqueos. Idomeneo expresa que la derrota parece ser la voluntad de Zeus.
El texto describe cómo, al sufrir la presión de los troyanos por la
izquierda y por el centro, los aqueos inician el contraataque por la derecha.
Aunque esta frase es la síntesis del encabezado, el cuerpo del canto detalla la
intensa lucha en varios puntos. Idomeneo y Meriones, animados por Poseidón,
deciden ir al flanco izquierdo, que es donde Idomeneo cree que más se necesita
ayuda y donde ha habido importantes pérdidas troyanas.
La batalla se recrudece con
duelos individuales y pérdidas notables en ambos bandos, pero especialmente en
las filas troyanas en los flancos menos protegidos. Idomeneo mata a Othryoneus,
quien había prometido grandes cosas a cambio de la mano de Casandra. Idomeneo
también mata a Asius, un caudillo que se atrevió a llevar su carro directamente
hacia las naves sin desmontar.
Se produce un duelo entre
Idomeneo y Deífobo, con la intervención de Eneas. Menelao mata a Pisandro.
Meriones mata a Harpalion. Paris, usando su arco, mata a Euchenor y Clytius. Héctor está peleando en otra parte del
campo y no se entera de inmediato de
las pérdidas significativas que están sufriendo los troyanos en estos
combates laterales.
Polidamante, advirtiendo las dificultades troyanas
y la mejora del ánimo aqueo, aconseja a Héctor reagrupar a los caudillos para
evaluar la situación y decidir si seguir presionando o retirarse. Héctor acepta
el consejo y busca a sus principales líderes, encontrando que varios de ellos
están muertos o heridos.
Héctor se dirige entonces al
flanco derecho, donde combaten los Ayantes y los aqueos resisten con gran
tesón. Ayante desafía a Héctor. Durante esta confrontación, un águila aparece volando por la derecha,
lo que es interpretado como un buen
presagio para los aqueos. Héctor desestima el augurio y reafirma su
determinación. La lucha se intensifica alrededor de los Ayantes, con ambos
bandos manteniendo la formación y el combate cerca de las naves.
La situación para los aqueos es crítica. A pesar de
la construcción de la muralla y el foso, los troyanos han logrado cruzar y la lucha
se libra junto a las naves. Néstor, que estaba bebiendo con Macaón, nota el
creciente alboroto y sale a investigar, armado. Encuentra a los reyes heridos,
Diomedes, Ulises y Agamenón, quienes también se acercaban desde sus naves para
observar la desesperada situación. Agamenón, abrumado por la derrota, propone
arrastrar las naves más cercanas al mar para preparar una huida nocturna si la
situación empeora.
Ulises rechaza enérgicamente esta
idea, calificándola de funesta y cobarde, argumentando que deben luchar hasta
el final. Diomedes, el más joven, ofrece un consejo más valeroso: aunque
heridos, deben volver a las filas para animar a los demás combatientes y evitar
que los que se han quedado al margen sigan inactivos.... Los reyes heridos
acatan el consejo de Diomedes y se dirigen a las líneas de batalla, colocándose
detrás del alcance de los proyectiles para evitar nuevas heridas.
Mientras tanto, Zeus, que había
estado observando desde el Monte Ida y favoreciendo a los troyanos según su
promesa a Tetis, momentáneamente abandona su vigilancia directa. Hera aprovecha
esta circunstancia para idear un plan que lo engañe y permita a los demás
dioses ayudar a los aqueos. Se embellece de manera extraordinaria para seducir
a Zeus. Para asegurarse el éxito, acude a Afrodita y le pide prestado su
ceñidor bordado, que contiene el amor, el deseo y las palabras seductoras que
subyugan a dioses y hombres.
Hera se dirige luego a buscar al
Sueño, hermano de la Muerte. Le pide que adormezca a Zeus tan pronto como ella
se acueste con él. Sueño inicialmente se muestra reacio, recordando una ocasión
anterior en la que lo hizo y Zeus se enfureció. Hera insiste y le ofrece una
recompensa irresistible: Pasitea, una de las jóvenes Gracias, con la que Sueño
siempre ha deseado casarse. Sueño acepta, pero exige un juramento solemne e
irrevocable por el agua de la Éstige para asegurarse de que Hera cumplirá su promesa....
Hera jura, invocando a los dioses del inframundo.
Hera y Sueño viajan juntos,
ocultos por una nube. Llegan al Monte Ida, y Sueño se esconde en un abeto alto
para no ser visto por Zeus. Hera se presenta ante Zeus en la cima del Gárgaro.
Zeus, al verla tan hermosa y seductora, siente un deseo abrumador, tan fuerte
como cuando se unieron por primera vez. A pesar de que Hera le miente sobre su
destino (dice que va a visitar a Océano y Tetis para resolver una disputa),
Zeus la colma de halagos y la insta a acostarse con él en el acto, nombrando a
varias diosas y mujeres mortales a las que ha amado en el pasado para enfatizar
la intensidad de su deseo actual por ella. Hera finge pudor, sugiriendo que se
retiren a una cámara privada para evitar ser vistos por otros dioses.
Zeus, para calmar sus temores,
promete cubrirlos con una nube dorada para hacerlos invisibles. Así, Zeus y
Hera se unen en la cima del Ida, y Zeus cae rendido por el sueño y el amor. Una
vez que Zeus está dormido, Sueño se dirige a Poseidón para informarle que el
camino está libre para que ayude a los aqueos y les dé la victoria. Poseidón,
enardecido, se lanza a la batalla y se pone al frente de las tropas aqueas.
Con Poseidón liderando, los aqueos
recuperan el ánimo y arremeten con renovada furia contra los troyanos.... La
lucha se intensifica y los troyanos comienzan a retroceder. Ayax Telamonio
hiere gravemente a Héctor al golpearlo con una gran piedra en el pecho. Héctor
es retirado del campo de batalla, inconsciente y vomitando sangre, por sus
compañeros. La retirada de Héctor desmoraliza a los troyanos, y los aqueos los
persiguen con éxito, haciéndolos retroceder más allá del muro y del foso.
CANTO XV:
Nueva intervención de Zeus.
Zeus se despierta en el Monte Ida y, al ver la
derrota de los troyanos, se da cuenta inmediatamente de la traición de Hera.
Furioso, la increpa duramente y amenaza con castigarla a ella y a los dioses
que se atrevieron a intervenir contra su voluntad. Hera jura por los dioses del
inframundo que no fue ella quien instigó a Poseidón, sino que este actuó por
propia iniciativa al ver la desgracia de los aqueos. Zeus acepta su juramento,
pero le reprocha su constante oposición. Luego, revela a Hera su plan divino
que se cumplirá: enviará a Hera y a Apolo a la batalla. Hera deberá ordenar a
Poseidón que se retire, y Apolo deberá sanar y revigorizar a Héctor.
Una vez que Héctor regrese fortalecido,
conducirá a los troyanos de vuelta a las naves aqueas. Patroclo, el compañero
de Aquiles, saldrá a la batalla vestido con la armadura de Aquiles y matará a
muchos troyanos, incluyendo a Sarpedón (el hijo de Zeus, cuya muerte Zeus acepta
como parte de su plan). Sin embargo, Héctor matará a Patroclo. La muerte de
Patroclo enfurecerá a Aquiles, quien volverá a combatir y matará a Héctor. A
partir de ese momento, Zeus permitirá que los aqueos persigan a los troyanos
hasta que tomen la ciudad de Ilión.
Hera, tras escuchar el plan de
Zeus, va al Olimpo para transmitir las órdenes. Los dioses se asombran al verla.
Hera les anuncia el enojo de Zeus y les prohíbe intervenir en la batalla. Ares,
furioso por la muerte de su hijo Ascálafo e intenta ir a vengar a su hijo, pero
Atenea y Hera lo detienen. Hera envía a Iris a hablar con Poseidón. Iris
encuentra a Poseidón y le transmite el mandato de Zeus de retirarse. Poseidón
se queja de la arrogancia de Zeus, ya que se considera su igual en dignidad y
sorteo del universo, pero a regañadientes accede a retirarse al mar.
Zeus entonces envía a Apolo al
Monte Ida para que sane a Héctor y lo llene de fuerza. Apolo encuentra a
Héctor, que está sufriendo gravemente por la herida de Ayante. Apolo lo
reanima, disipa su dolor y le infunde un vigor inmenso. Héctor, revitalizado,
regresa a la batalla, infundiendo gran ánimo en los troyanos y causando pánico
entre los aqueos.
Los troyanos, con Héctor a la
cabeza y ayudados por Apolo, arremeten nuevamente contra la muralla y el foso
aqueo. Apolo allana el foso, derribando los terraplenes con facilidad. Los troyanos,
ahora impulsados por la ayuda divina, superan las defensas aqueas y la batalla
se traslada al interior del campamento, entre las naves. Héctor exhorta a los
troyanos a traer fuego para incendiar las naves aqueas y cortar la retirada de
los griegos.
La lucha se vuelve desesperada
para los aqueos, que se ven acorralados contra sus naves. Ayante Telamonio se
destaca en la defensa, luchando valientemente desde la cubierta de una de las
naves con una larga pica. A pesar de la feroz resistencia, Héctor logra
finalmente asirse de la popa de una nave, cumpliendo una etapa crucial del plan
de Zeus.
CANTO XVI: Patroclea - Muerte de Patroclo.
Patroclo, al ver la grave situación de los aqueos,
con una nave ardiendo y los héroes heridos, se presenta ante Aquiles llorando.
Le describe la desesperación del ejército y suplica a Aquiles que le permita
salir a la batalla vistiendo su armadura para infundir terror en los troyanos y
dar un respiro a los aqueos. Patroclo ruega que, si Aquiles está retenido por
un augurio, al menos le deje ir a él con los mirmidones para salvar las naves.
Aquiles, aunque aún resentido con
Agamenón, cede ante las súplicas de su amigo y el apremio de la situación.
Accede a dejarle vestir su armadura y liderar a los mirmidones, pero le impone
una condición muy estricta: solo debe
repeler a los troyanos de las naves y luego regresar inmediatamente, sin
perseguirlos hacia la ciudad ni intentar tomar Troya.... Le advierte que no
intente ganar una gloria excesiva que le corresponde solo a Aquiles y le
prohíbe enfrentarse a Héctor directamente sin él.
Mientras Patroclo se arma con la
resplandeciente armadura de Aquiles (excepto la lanza, que solo Aquiles podía
manejar), Aquiles reúne a los mirmidones y los prepara para el combate. Les
recuerda su inactividad forzada y los exhorta a luchar con la furia que siempre
desearon. Los mirmidones, divididos en cinco divisiones y liderados por sus
jefes, marchan ordenadamente detrás de Patroclo. La aparición de Patroclo
vestido con la armadura de Aquiles causa pánico entre los troyanos, quienes
creen que el Pelida ha renunciado a su cólera y ha vuelto a la batalla.
Patroclo arremete con furia, empuja a los troyanos de las naves, apaga el fuego
y los hace retroceder más allá del muro y el foso7. Sin embargo, enardecido por
el éxito y olvidando las órdenes de Aquiles, Patroclo no regresa y persigue a
los troyanos en su huida por la llanura, matando a muchos de ellos.
Uno de los momentos clave es el
enfrentamiento de Patroclo con Sarpedón, el hijo de Zeus, este desde el Ida,
contempla a su hijo y considera salvarlo de la muerte, pero Hera le recuerda el
destino y le advierte que, si salva a Sarpedón, otros dioses también podrían
salvar a sus hijos, causando un caos divino. Zeus, aunque afligido, decide permitir
que Patroclo mate a Sarpedón, pero planea honrar a su hijo haciendo que Apolo
retire su cuerpo para un entierro digno. Patroclo mata a Sarpedón, lo que
desencadena una feroz lucha por el cadáver entre aqueos y troyanos. Finalmente,
Apolo interviene para retirar el cuerpo de Sarpedón del campo de batalla y
entregarlo a Sueño y Muerte para que lo lleven a Licia.
Apolo entonces se dirige hacia
Patroclo, cumpliendo la parte del plan de Zeus que lo llevará a la muerte.
Patroclo intenta asaltar las murallas de Troya tres veces, pero Apolo lo
rechaza en cada intento. Apolo se le aparece a Patroclo en medio del combate
(sin ser visto por los demás) y lo golpea, haciendo que su armadura y yelmo
caigan al suelo. Debilitado y desarmado, Patroclo es herido por Euforbo Pántoo,
quien lo alcanza con su lanza en la espalda. Euforbo se retira al ver que
Patroclo sigue vivo, pero Héctor, al ver a Patroclo herido y desprotegido,
arremete contra él y le asesta un golpe mortal en el vientre.
Antes de morir, Patroclo, agonizante,
le profetiza a Héctor su propia muerte inminente a manos de Aquiles. Héctor,
sin embargo, se burla de sus últimas palabras. Héctor despoja a Patroclo de la
armadura de Aquiles, un trofeo que sellará su propio destino.
Canto
XVII: Principalía de Menelao .
Menelao se da cuenta de la muerte de Patroclo443.
Euphorbus se acerca al cadáver de Patroclo para despojarlo. Le dice a Menelao
que se retire, pues él hirió a Patroclo primero y quiere alcanzar gloria.
Menelao, indignado, le responde y amenaza con matarlo. Ayante protege el cuerpo
de Patroclo. Glauco reprende a Héctor por su cobardía al no esperar a Ayante y
por abandonar el cuerpo de Sarpedón. Le dice que, si los licios le obedecieran,
regresarían a su patria y Troya sería arruinada. Sugiere que, si tuvieran
valor, arrastrarían el cadáver de Patroclo a Troya, y los aqueos entregarían las
armas de Sarpedón a cambio.
Exhorta a los troyanos y aliados
a mostrar valor mientras él viste las armas de Aquiles. Héctor se retira de la
batalla y se cambia de armadura, vistiendo las armas divinas de Aquiles que
había quitado a Patroclo. Zeus ve a Héctor vistiéndose con la armadura de
Aquiles y siente pena, pero le concede gloria temporal. Héctor exhorta a los
aliados, recordándoles por qué los trajo a Troya y pidiéndoles que defiendan a
las esposas. Lo siguen Idomeneo y Meriones. Los troyanos atacan apiñados con
Héctor al frente. Los aqueos se defienden firmemente. La lucha es feroz,
descrita con símiles.
Atenea incita a los aqueos, mientras Apolo
incita a los troyanos. Apolo, tomando la figura de Perifante (heraldo de
Anquises), exhorta a Eneas a defender Troya, la lucha dura todo el día. Los
guerreros están agotados. Se compara la lucha por el cuerpo con hombres estirando
la piel de un toro. Zeus cubre la batalla con oscuridad y se apiada de los
caballos de Aquiles que lloran a Patroclo. Les infunde vigor para que se salven.
Les dice que no serán llevados por Héctor. Automedonte, auriga de Aquiles pide
ayuda. Menelao, con audacia, se dirige hacia el cadáver de Patroclo y mata a
Podes.
Apolo incita a Héctor contra Menelao. Menelao
se da cuenta de que los troyanos son muchos y se retira para pedir ayuda. Llama
a Ayante Telamonio y le dice que Zeus favorece a los troyanos. Le da la
infausta noticia de la muerte de Patroclo. Le pide a Antíloco que corra a las
naves y se lo anuncie a Aquiles, para que venga a buscar el cadáver desnudo,
pues Héctor tiene las armas. Antíloco se estremece, pero obedece y entrega sus
armas a un compañero para ir corriendo a avisar a Aquiles. Menelao no se queda
con los compañeros de Antíloco, sino que regresa al cadáver de Patroclo junto a
los Ayantes. Los Ayantes se colocan detrás de ellos como un muro para
defenderlos.
Los troyanos atacan con gritos. La lucha es
feroz, con lanzas y flechas lloviendo. Los Ayantes resisten la embestida
troyana. Finalmente, logran llevar el cadáver de Patroclo fuera de la batalla.
Encuentran a Aquiles gimiendo junto al cadáver de Patroclo (aunque el cadáver
ya fue retirado en el canto anterior, aquí se describe la escena de lamento
junto a él o quizás en la tienda donde lo llevaron). Tetis abraza a su hijo y
le pregunta la causa de su pesar. Aquiles le dice que Zeus ha cumplido su ruego
(que los aqueos fueran acorralados). Aquiles responde que prefiere morir pronto
y con gloria que vivir sin honra y sin vengar a su amigo. Dice que no le
importa morir si antes hace sufrir a las troyanas y dárdanas. Le pide a su madre
que no le prohíba pelear.
Tetis le dice que no puede ir a
combatir sin armadura, pues Héctor tiene la suya. Le dice que no entre en la
contienda de Ares hasta que ella regrese, se acerca a Aquiles y le dice que se
levante y defienda a Patroclo, por cuyo cuerpo hay un combate fiero cerca de
las naves. Le dice que Héctor se empeña en llevarse el cadáver para cortarle la
cabeza. Le pide que no se avergüence de que Patroclo sea ultrajado. Aquiles le
pregunta qué deidad la envía. Iris le dice que la envía Hera sin que lo sepan
Zeus ni los demás dioses.
Atenea lo acompaña y rodea su
cabeza con una nube de oro donde arde una llama resplandeciente. Aquiles grita,
los troyanos se asustan y huyen. Tres veces grita Aquiles y tres veces huyen
los troyanos. Doce troyanos mueren aplastados por sus carros en la confusión.
Héctor rechaza el consejo de Polidamante, llamándolo necio. Dice que Zeus les
concedió gloria junto a las naves y no permitirá que nadie regrese a la ciudad.
Exhorta a los troyanos a cenar sin ordenarse por escuadrones, a establecer
guardias y prepararse para el combate matutino, donde él enfrentará a Aquiles.
Los troyanos, insensatos, aprueban el discurso
de Héctor. Promete degollar a doce hijos de troyanos ilustres ante la pira.
Dice que mientras, troyanas y dárdanas llorarán a Patroclo. Manda a sus
compañeros a lavar el cuerpo de Patroclo. Tetis llega al palacio de Hefesto,
que es de bronce y brilla como una estrella. Encuentra a Hefesto trabajando en
veinte trípodes automáticos. Caris, esposa de Hefesto, la recibe y la invita.
Tetis le cuenta a Hefesto sus penas: cómo fue casada con un mortal (Peleo)
contra su voluntad. Le dice que su hijo Aquiles, a quien crio y envió a Troya,
no regresará a casa. Le cuenta que Aquiles está afligido por la muerte de
Patroclo, a quien Héctor mató y despojó de las armas de Aquiles y le suplica
que le fabrique una armadura para su hijo.
Cuando termina de fabricar todas
las armas, Hefesto se las entrega a Tetis. Tetis lleva la armadura a Aquiles y este
al verlas, siente que su cólera se recrudece y sus ojos brillan como llamas. Se
alegra de tener el presente divino. Le dice a su madre que el dios le ha dado
armas como las que solo los inmortales podrían hacer. Teme que mientras tanto
las moscas entren en las heridas de Patroclo y corrompan su cuerpo. Tetis le
dice que no se preocupe, que ella alejará las moscas. Dice que Agamenón y él
tuvieron una disputa dolorosa, pero que ya pasó. Se dispone a armarse y salir a
combatir contra los troyanos. Agamenón, sin bajar de su nave, habla a la
asamblea. Dice que no es culpable de lo ocurrido, sino Zeus, la Parca y la perniciosa
Ofuscación, que le hicieron perder el juicio al quitarle la recompensa a
Aquiles.
Como se equivocó y Zeus le hizo perder el
juicio, quiere aplacar a Aquiles con regalos, como prometió Ulises. Le pide a
Aquiles que espere para que le traigan los presentes. Aquiles responde que
Agamenón puede darle los regalos luego, si quiere; que ahora solo deben pensar
en la batalla, pues hay muchos aqueos muertos. Insta a combatir sin demora.
Ulises le aconseja que no inste a los aqueos a pelear en ayunas, que deben
comer antes, pues la batalla durará mucho sacrificio a Zeus y al Sol. Aquiles
responde que todo eso debe hacerse cuando cese el combate, no ahora que hay
tantos muertos insepultos. Dice que él no comerá ni beberá hasta vengar la muerte
de Patroclo. Ulises le dice que es más fuerte y hábil con la lanza, pero que él
lo supera en pensamiento por ser mayor y tener más experiencia. Le insiste en
que los aqueos deben comer para tener fuerzas.
Agamenón jura ante Zeus, el
Cielo, la Tierra, el Sol y las Erinias que nunca puso la mano sobre Briseida ni
compartió su lecho. Aquiles se dirige a Zeus, lamentando los infortunios que
envía a los hombres, diciendo que, si Agamenón no le hubiera quitado a la
joven, muchos aqueos no habrían muerto. Disuelve el ágora y todos Atridas, (Ulises,
Néstor, Idomeneo, Fénix) para consolarlo. Zeus se compadece de Aquiles por no
comer y le ordena a Atenea que le infunda néctar y ambrosía para que no le
atormente el hambre. Atenea obedece y vuela como un halcón, infundiendo las
sustancias divinas en el pecho de Aquiles y Erinias le cortan la voz. Aquiles
responde que ya sabe que morirá en Troya, pero que no descansará hasta hartar
de combate a los troyanos.
La narración comienza con Aquiles enterándose de la noticia de la muerte de su amigo Patroclo.
Este evento le provoca una profunda pena y un intenso deseo de venganza.
Patroclo había sido matado por Héctor, quien también tomó su armadura como
botín.
Ante la aflicción de su hijo, la
madre de Aquiles, la diosa Tetis,
asciende al Olimpo para pedir al dios Hefesto que fabrique una nueva armadura
para Aquiles, ya que la suya (que Patroclo usó) había sido tomada por Héctor.
Hefesto acepta
la petición y comienza a forjar una magnífica
y reluciente armadura. La armadura incluye una coraza más reluciente que el fuego, un sólido casco hermoso y labrado con cimera de oro, grebas de dúctil estaño, y un grande y fuerte escudo. El escudo es
especialmente detallado en la descripción. Hefesto representa en él la tierra, el cielo, el mar, el sol
infatigable y la luna llena, así como las constelaciones: las Pléyades,
las Híades, el robusto Orión y la Osa (también llamada Carro), que gira siempre
en el mismo sitio y no se baña en el Océano
Además de los cuerpos celestes,
el escudo muestra dos ciudades de
hombres dotados de palabra, una ciudad donde se celebran bodas y festines, con novias
acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas, cantos de himeneo, jóvenes
bailando y flautas sonando;
la otra ciudad está sitiada por enemigos. Se representa una emboscada con ganado,
pastores y perros, seguida de una lucha
encarnizada.
También se representan campos cultivados, una tierra noval labrada por tercera vez
con labradores y yuntas; un campo real
con jóvenes segando mieses, con atadores, rapaces recogiendo gavillas,
un rey alegre observando y heraldos preparando un banquete; un viñedo cargado de racimos de uva de
oro, con estacas de plata y un foso de esmalte negro, guardado por una cerca de
estaño.
Asimismo, se muestran rebaños y pastores, un rebaño de vacas de oro y estaño
saliendo de un establo, con pastores y perros. Se representa a dos leones
atacando un toro y la persecución por parte de mancebos y perros, un valle hermoso con blancas ovejas
paciendo, establos, cabañas y apriscos.
Finalmente, se incluye una
representación de un corro de danza,
donde jóvenes bailan, observados por una gran multitud, con un aedo cantando y
saltadores en medio. En la orla del escudo, se representa la poderosa corriente del río Océano. Una
vez que Hefesto termina de fabricar todas las armas, se las entrega a Tetis y la
diosa desciende del nevado Olimpo llevando la reluciente armadura.
CANTO
XIX: Renunciamiento de la cólera.
Al amanecer, Tetis llega al campamento aqueo
llevando la magnífica armadura que Hefesto ha fabricado para Aquiles. La
armadura brilla con un resplandor intenso, comparable al fuego. La visión de la
armadura llena a Aquiles de una furia y un ímpetu terribles; sus ojos parecen
llamas. Aunque ansioso por luchar, Aquiles todavía está apesadumbrado por
Patroclo. Tetis lo consuela, asegurándole que protegerá el cuerpo de su amigo
de la corrupción.
Aquiles convoca a los héroes
aqueos a una asamblea cerca de las naves, dando gritos formidables. Acuden
todos, incluso los heridos como Diomedes, Ulises y Agamenón. En la asamblea,
Aquiles declara públicamente que renuncia
a su cólera contra Agamenón. Reconoce que su disputa por la joven causó
la muerte de muchos aqueos. Expresa su deseo de que Briseida hubiera muerto
para evitar tantos sufrimientos, pero acepta lo sucedido como voluntad divina.
Anuncia que deja de lado su enojo y está listo para ir a la batalla inmediatamente.
Agamenón responde desde su
asiento, explicando que no fue él, sino Zeus, la Parca y las Erinias quienes lo
ofuscaron y le hicieron quitar a Briseida. Compara su situación con la de Zeus,
quien fue engañado por Hera.... Dado que fue la ofuscación la culpable,
Agamenón está dispuesto a ofrecer los magníficos
regalos que prometió para aplacar a Aquiles, este centrado en la
venganza por Patroclo, muestra poco interés en los regalos y urge a que se
armen y vayan a pelear sin demora.... Insiste en que no comerá ni beberá hasta
haber vengado a su amigo.
Ulises interviene con un discurso
prudente, aconsejando al ejército que primero coma y beba para recuperar
fuerzas antes de la larga y dura batalla.... También recomienda que Agamenón
traiga los regalos a la asamblea y jure
públicamente ante los dioses que nunca se acostó con Briseida. Esto
calmará el ánimo de Aquiles y demostrará la buena fe de Agamenón y Agamenón acepta
el consejo de Ulises y accede a hacer el juramento y entregar los presentes.
Encarga a Ulises y a otros jefes que traigan los regalos y a Taltibio que
prepare un jabalí para el sacrificio solemne.
A pesar de la prisa de Aquiles
por combatir, Ulises insiste en la necesidad de la comida para sostener el
esfuerzo bélico y en la ceremonia del juramento. Los regalos (trípodes,
calderas, caballos, mujeres, diez talentos de oro, y Briseida) son traídos de
la tienda de Agamenón a la asamblea. Agamenón realiza el sacrificio y jura solemnemente ante Zeus y el Sol
que no ha tenido relaciones con Briseida. El juramento es aceptado. Los regalos
son entregados a Aquiles, y la asamblea se disuelve. Los hombres se dirigen a
sus naves para desayunar. Los mirmidones llevan los presentes a la tienda de
Aquiles.
Briseida ve el cadáver de
Patroclo y se lamenta amargamente por él, recordando su amabilidad y la promesa que le hizo de casarla con Aquiles
y llevarla de vuelta a su hogar. Las demás cautivas también lloran a Patroclo.
Aquiles, consumido por el dolor, sigue negándose a comer.... Zeus, compadecido,
envía a Atenea para que le infunda vigor y sacie su hambre y sed, sin que él se
dé cuenta.
Mientras tanto, el ejército aqueo
desayuna y se prepara para la batalla47. Aquiles se reviste con la nueva armadura hecha por Hefesto, que
resplandece como el fuego o el sol. Toma su lanza, que solo él puede blandir.
Automedonte y Álcimo enganchan los caballos inmortales de Aquiles (Janto y
Balio) junto con el mortal Pedaso al carro. Aquiles se dirige a sus caballos,
pidiéndoles que no lo abandonen en la batalla como hicieron con Patroclo.
Janto, dotado de voz por Hera, responde profetizando la cercana muerte de
Aquiles, aunque sin culpa de los caballos. Las Erinias interrumpen al caballo y
le quitan la voz. Aquiles acepta su destino, pero declara que luchará hasta
hartarse de la guerra. Con un grito, lanza sus caballos hacia las primeras
filas.
Canto XX: Combate de los dioses.
Este Canto comienza con una asamblea de los dioses convocada por Zeus, quien lanza rayos. Zeus pregunta por qué han sido llamados
nuevamente, y Poseidón responde
que el combate y la pelea entre troyanos y aqueos se han reanudado. Zeus
explica que los ha reunido porque le preocupan los mortales, ya que Aquiles está a punto de volver a la
batalla, y teme que pueda destruir Troya contra el destino si nadie se le opone.
Por lo tanto, les da permiso a los dioses para intervenir y ayudar a cualquiera
de los bandos, troyanos o aqueos, según su voluntad. Zeus decide que él mismo
se quedará en la cumbre del Olimpo para observar la batalla.
Los dioses descienden del Olimpo
y se dividen en dos bandos para la contienda. Del lado de los aqueos van: Hera, Atenea, Poseidón, Hermes y Hefesto. Del
lado de los troyanos van: Ares, Apolo, Artemisa, Leto y Janto (el río Escamandro) y Afrodita. La batalla comienza con la intervención divina. Apolo incita a Eneas a enfrentarse a Aquiles.
Eneas acepta el desafío. Al ver a Eneas avanzando hacia Aquiles, Hera convoca a Poseidón y Atenea
para discutir si deben ayudar a Aquiles. Hera menciona que el destino de
Aquiles es morir más tarde, después de haber matado a Héctor. Poseidón sugiere que se aparten y
dejen pelear a los hombres, pero si algún otro dios interviene atacando a
Aquiles (como Ares o Apolo), ellos intervendrán para defenderlo.
Aquiles y Eneas se encuentran cara a cara.
Intercambian jactancias y recuentan sus linajes.... Eneas lanza su lanza, pero Atenea la desvía con un tenue soplo.
Aquiles lanza su lanza y hiere a Eneas, pero Poseidón rescata a Eneas envolviéndolo en una niebla densa.
Poseidón salva a Eneas porque no está destinado a morir aún y está destinado a
sobrevivir y reinar sobre los troyanos después de que la estirpe de Príamo se
extinga. Poseidón advierte a Eneas que no vuelva a desafiar a Aquiles hasta que
éste haya muerto.
Aquiles,
frustrado por la huida de Eneas, continúa su furia homicida, matando a muchos troyanos. Héctor, al oír que Aquiles está en el campo de batalla, decide ir
a enfrentarlo, a pesar de las advertencias de Apolo. Apolo advierte a Héctor nuevamente que no se
enfrente solo a Aquiles. Héctor ignora la advertencia y se acerca a Aquiles,
este ve a Héctor y carga contra él. Aquiles lanza su lanza a Héctor, pero Apolo rescata a Héctor, cubriéndolo
con densa niebla y llevándoselo fácilmente. Aquiles, airado por la intervención
divina, increpa a Héctor, advirtiéndole que, aunque se ha salvado esta vez, no
se salvará la próxima, y que será él quien le dé muerte.
Canto XXI. Batalla
junto al río.
Aquiles se encuentra con Licaón, hijo de Príamo Dardánida, cuando este huye e intenta salir
del río. Aquiles ya lo había capturado anteriormente y lo había vendido en
Lemnos, pero Licaón escapó y regresó a Troya. Al ver a Licaón inerme y cansado
saliendo del río, Aquiles se sorprende. Licaón, asustado, suplica a Aquiles,
abrazando sus rodillas. Le recuerda que ya antes fue su prisionero y fue
vendido por cien bueyes, ofreciendo ahora el triple como rescate. También le
menciona que no es hijo del mismo vientre que Héctor. Sin embargo, Aquiles,
lleno de dolor por la muerte de Patroclo, rechaza el rescate y declara que, después de la muerte de su
amigo, ya no perdonará a ningún troyano que caiga en sus manos, especialmente
si es hijo de Príamo.
Héctor anuncia que él mismo está destinado a
morir cerca de Troya, a pesar de ser hijo de una diosa. Dicho esto, Aquiles mata a Licaón. Aquiles arroja
el cuerpo de Licaón y otros troyanos que mata al río Janto, jactándose de que
el río no los protegerá. El dios del río (Janto) se irrita porque sus aguas se
llenan de cadáveres. Habla con Aquiles, diciéndole que se aleje y deje de
llenar el río de muertos, o que pelee contra él. Asteropeo, hijo de Pelegón y
nieto del río Axio, desafía entonces a Aquiles. Lucha con dos lanzas; una
golpea el escudo de Aquiles y la otra lo rasguña en el brazo. Aquiles mata a
Asteropeo con su espada y se jacta sobre su cuerpo, comparando su linaje divino
con el linaje del río de Asteropeo. Aquiles continúa matando a los peonios, el
pueblo de Asteropeo.
El río Janto se enfurece aún más
al ver a Aquiles matando en sus aguas. Ataca a Aquiles, desbordando sus aguas
para intentar ahogarlo. Aquiles se ve en apuros y teme morir por el río. Clama,
preguntando si algún dios lo salvará. Poseidón
y Atenea acuden en ayuda de Aquiles, apareciendo ante él en figura
humana. Le dicen que no tema, que ellos, enviados por Zeus, lo ayudarán y que
no morirá por el río. Le instan a seguir combatiendo hasta encerrar a los troyanos
en Ilión y matar a Héctor. Después de dar este consejo, las dos deidades
regresan al Olimpo.
A pesar de la intervención, el
río no cede y ataca de nuevo a Aquiles con furia. Hera, al ver la situación, le
pide a su hijo Hefesto que ayude
a Aquiles. Hefesto lanza su fuego divino, que seca el río y quema la llanura,
los árboles y los cadáveres. El río Janto, abrasado, pide a Hera que detenga a
Hefesto, prometiendo dejar de ayudar a los troyanos si cesa el fuego. Hera
ordena a Hefesto que se detenga, diciendo que no es justo que un dios inmortal
sufra tanto por los mortales. Hefesto apaga su fuego, y el río Janto calma su
furia.
Una vez resuelta la disputa entre
Aquiles y el río, se desata una reñida
batalla entre los dioses. Ares ataca a Atenea, pero esta lo golpea con una
gran piedra y lo derriba. Afrodita acude a socorrer a Ares, pero Atenea también
la golpea. Poseidón reta a Apolo, pero este se niega a combatir por los
mortales. Ártemis reprende a Apolo por su negativa, y Hera la golpea con su
propio arco, haciendo que Ártemis huya llorando al Olimpo. Hermes se niega a
luchar contra Leto. Los otros dioses regresan al Olimpo, mientras Apolo entra
en Ilión para proteger a los troyanos.
Mientras tanto, Aquiles continúa
su masacre, persiguiendo a los troyanos hacia la ciudad. Príamo ordena que se
abran las puertas para permitir la entrada de sus hombres, temiendo que Aquiles
tome la ciudad. Apolo inspira al guerrero Agenor a enfrentarse a Aquiles. Agenor decide plantar cara a
Aquiles, aunque reconoce su superioridad, y le lanza su lanza, que golpea el
escudo de Aquiles sin penetrar su armadura hecha por Hefesto. Aquiles arremete
contra Agenor, pero Apolo rescata a
Agenor, cubriéndolo con niebla y llevándolo a salvo. Luego, Apolo,
tomando la forma de Agenor, engaña a
Aquiles y lo atrae lejos de las puertas de la ciudad, permitiendo así
que los troyanos huyan y se refugien en Ilión.
Canto XXII: Muerte de Héctor .
Los
troyanos, perseguidos por Aquiles, se refugian dentro de la ciudad. Sin
embargo, Héctor permanece solo afuera,
esperando a Aquiles delante de las Puertas Esceas, y desde la muralla, el
anciano rey Príamo ve a Aquiles
acercándose, descrito de forma aterradora, brillando como el astro que en otoño se distingue por sus vivos
rayos, llamado "perro de Orión". Príamo le ruega a su hijo
Héctor desde la muralla que entre en la ciudad, suplicándole y prediciendo las
terribles consecuencias de su muerte para él mismo en su vejez. Hécuba, la
madre de Héctor, se une a las súplicas, mostrando su pecho para recordarle su
infancia y pidiéndole que se apiade de ella y de su hijo. A pesar de los
desesperados ruegos de sus padres, Héctor
no cede.
Héctor reflexiona interiormente
sobre su difícil situación. Considera entrar en la ciudad, pero teme el
reproche de los troyanos, especialmente de Polidamante, quien le había aconsejado
retirarse la noche anterior. También descarta la idea de negociar con Aquiles,
sintiendo que sería inútil y peligroso. Finalmente, decide enfrentarse a Aquiles, resolviendo que
una deidad decidirá su destino, y quien se acerca, brillando con su armadura
divina como el fuego o el sol naciente. Al verlo, Héctor tiembla y huye. Aquiles lo persigue con gran velocidad,
comparado con un gavilán persiguiendo una tímida paloma. La persecución los
lleva a dar tres vueltas alrededor de
la ciudad de Príamo. Esta carrera no es por un premio trivial, sino por
la vida de Héctor.
Los dioses observan el duelo
desde el Olimpo. Zeus, conmovido por la piedad hacia Héctor debido a sus sacrificios,
considera salvarlo. Sin embargo, Atenea le recuerda que el destino de Héctor ya
está sellado por las Parcas. Zeus acepta, y utilizando sus balanzas de oro, determina que el día fatal de Héctor desciende al Hades.
Apolo, que había estado protegiendo a Héctor, lo abandona. Atenea se acerca a
Aquiles, animándole y asegurándole que Héctor será derrotado. Luego, la diosa
desciende y se aparece a Héctor tomando la figura y la voz de su hermano
Deífobo, instándolo a detenerse y enfrentarse a Aquiles juntos. Héctor,
creyendo que cuenta con el apoyo de su hermano, se alegra y decide detenerse
para luchar. Se dirige a Aquiles y propone un pacto: el vencedor respetará el
cuerpo del vencido y lo devolverá a su bando.
Aquiles
rechaza furiosamente el pacto, declarando que no hay alianzas posibles entre
ellos, al igual que entre leones y hombres o lobos y corderos. Lanza su lanza primero,
pero Héctor la esquiva. Sin que Héctor lo vea, Atenea recoge la lanza y se la
devuelve a Aquiles. Héctor lanza su propia lanza, golpeando el escudo de
Aquiles, pero es repelida. Héctor se da cuenta de que no tiene otra lanza y
busca a Deífobo, pero comprende que ha sido engañado por Atenea. Sabiendo que
su fin ha llegado, decide morir luchando gloriosamente. Héctor carga contra
Aquiles con su espada. Aquiles, conociendo los puntos débiles de la armadura
que Héctor lleva (la de Patroclo), le clava su lanza en el cuello, evitando la
tráquea para que pueda hablar. Héctor cae, y Aquiles se jacta de su victoria.
En sus últimas palabras, Héctor
suplica a Aquiles que acepte un rescate y devuelva su cuerpo a sus padres.
Aquiles se niega cruelmente, diciendo que los perros y las aves devorarán su
cuerpo. Héctor, al morir, profetiza la muerte de Aquiles a manos de Paris y
Apolo en las Puertas Esceas. Tras la muerte de Héctor, Aquiles le quita su armadura.
Los demás aqueos se acercan y hieren el cadáver. Aquiles se dirige a los
aqueos, sugiriendo rodear la ciudad brevemente, y luego regresar a las naves
para honrar a Patroclo, prometiendo arrastrar el cadáver de Héctor....Finalmente,
para infligir una ignominia suprema, Aquiles
horada los tendones de los tobillos de Héctor, pasa correas de piel de buey por
ellos y ata el cadáver a su carro, arrastrándolo por el polvo de vuelta
al campamento aqueo, ante la mirada horrorizada de Príamo y Hécuba desde la
muralla.
Las lamentaciones estallan en
Troya. Príamo y Hécuba se lamentan amargamente. Andrómaca, la esposa de Héctor,
ajena a lo ocurrido y tejiendo en el palacio, oye los lamentos, se estremece y
presiente la desgracia. Corre hacia la muralla, ve a su marido siendo
arrastrado y se desmaya, al recuperarse, inicia un desgarrador lamento por la
muerte de Héctor, lamentando su propio destino como viuda y el futuro incierto
de su pequeño hijo Astianacte....
Este canto es el clímax dramático de la guerra,
donde el principal héroe troyano encuentra su fin y Aquiles consuma su venganza
por la muerte de Patroclo, aunque de una manera brutal que subraya su furia
incontrolable.
Después de la muerte de Héctor y la retirada de los
ejércitos, los troyanos lloran en la ciudad, mientras los aqueos regresan a sus
naves. Aquiles reúne a los mirmidones y les pide que no desaten los caballos
todavía. Les ordena que se acerquen al cuerpo de Patroclo con sus caballos y
carros y que lo lloren juntos antes de cenar. Ellos siguen a Aquiles, gimiendo,
y dan tres vueltas alrededor del
cadáver con sus caballos y carros. La diosa Tetis está entre ellos e
incita el llanto. La arena y las armaduras se mojan con las lágrimas derramadas.
Aquiles lidera el lamento fúnebre, colocando sus manos
sobre el pecho de Patroclo. Promete a Patroclo que cumplirá lo que le había
prometido en vida: arrastrará el
cadáver de Héctor para que los perros lo despedacen y degollará a doce hijos ilustres de troyanos
ante su pira4.... Inmediatamente, Aquiles tiende el cuerpo de Héctor boca abajo en el polvo junto al lecho
de Patroclo para ultrajarlo. Después de que los mirmidones desatan sus caballos
y se sientan, Aquiles le pide a Agamenón que despida al resto del ejército para
que cenen, permitiendo que solo los líderes se queden para honrar a Patroclo.
Agamenón está de acuerdo, y cenan.
Durante la noche, mientras
Aquiles duerme cerca del cuerpo de Patroclo, se le aparece el fantasma de Patroclo en un sueño. El
fantasma le suplica a Aquiles que lo entierre pronto para que pueda pasar las
puertas del Hades, ya que las almas de los difuntos lo rechazan y vaga
alrededor del palacio de Hades. El fantasma de Patroclo le pide a Aquiles que
le dé la mano, lamentando que ya no se verán ni conversarán después de la muerte.
También le encarga a Aquiles que sus huesos no se pongan separados de los
suyos, sino que la misma urna de oro que Tetis le dio a Aquiles guarde
los huesos de ambos, ya que se criaron juntos en el palacio de Peleo. Aquiles
intenta abrazar al fantasma, pero este se disipa como humo y desaparece
chillando en la tierra. Aquiles se despierta asombrado y reflexiona que en el
Hades quedan el alma y la imagen de los muertos, pero la fuerza vital
desaparece. Lamenta que el alma de Patroclo se parecía exactamente a él cuando
estaba vivo.
Al amanecer, Agamenón ordena a
los hombres con mulas que vayan a buscar leña, liderados por Meriones. Traen
una gran cantidad de leña del monte Ida y la depositan en el lugar designado
por Aquiles, en la orilla del mar, donde se erigirá el túmulo. Aquiles se corta
su hermosa cabellera, dedicada al río Esperqueo, y la pone en las manos de
Patroclo, lamentando que no regresará a su patria. La gente llora al verlo.
Construyen la pira.
Aquiles procede a realizar los sacrificios funerarios. Degüella
ovejas, reses, cuatro caballos de erguido cuello, dos de sus nueve perros, y doce hijos valientes de troyanos ilustres.
Arroja todo a la hoguera. Llama a Patroclo, reafirmando su promesa de venganza
y diciendo que Héctor no será quemado en la pira, sino entregado a los perros.
Sin embargo, la diosa Afrodita protege el cuerpo de Héctor de los perros, ungiéndolo
con aceite divino. Febo Apolo cubre el cadáver con una nube sombría para
protegerlo de Aquiles mientras lo arrastra.
Aquiles invoca a los vientos
(Bóreas y Céfiro) para que enciendan la pira, prometiendo sacrificios. Iris
lleva el mensaje. Los vientos llegan y avivan la pira toda la noche. Aquiles
derrama vino, invocando el alma de Patroclo, y llora inconsolablemente.
Al amanecer, la hoguera se apaga.
Los vientos regresan. Aquiles, exhausto, duerme brevemente. Los líderes lo despiertan.
Aquiles les ordena que apaguen los restos de la pira con vino negro y recojan
los huesos de Patroclo, que serán fáciles de distinguir. Deben poner los huesos
en la urna de oro cubierta con grasa y construir un túmulo modesto por ahora,
prometiendo que aquellos que sobrevivan le harán uno más grande y alto después
de su propia muerte. Ellos obedecen, recogen los huesos, los guardan en la urna
y construyen el túmulo.
Erigido el túmulo, Aquiles
congrega al ejército en un gran círculo para celebrar los juegos fúnebres en honor a Patroclo.
Saca de las naves varios premios: calderas, trípodes, caballos, mulas, bueyes,
mujeres y hierro luciente.
Los juegos incluyen varias
competiciones:
-
Carrera de carros: Se
anuncian los premios para los cinco primeros lugares. Participan Eumelo,
Diomedes, Menelao, Antíloco y Meriones.... Néstor da consejos de estrategia a
su hijo Antíloco.... Fénix actúa como juez. Diomedes gana el primer premio
(mujer y trípode) con la ayuda de Atenea, a pesar de que Apolo intenta
estorbarlo.... Eumelo, a pesar de tener los mejores caballos, sufre un
accidente y llega último, pero Aquiles le da un premio de consuelo.... Antíloco
llega segundo tras adelantar a Menelao de manera cuestionable.... Menelao acusa
a Antíloco de hacer trampa. Antíloco cede el segundo premio (la yegua) a
Menelao, disculpándose por su imprudencia juvenil y valorando la amistad.
Menelao, con nobleza, acepta la disculpa y permite a Antíloco quedarse con la
yegua. Meriones recibe el cuarto premio (oro). Aquiles le da el quinto premio
(el vaso) a Néstor en reconocimiento a su edad y sus pasadas proezas atléticas....
-
Pugilato (Boxeo): Se anuncian los premios (mula y
copa). Epeo se jacta de su habilidad y amenaza a sus oponentes. Euríalo lo
desafía. Epeo derrota a Euríalo con un golpe. Epeo toma la mula, Euríalo la
copa.
-
Lucha: Se anuncian los premios (trípode
y mujer). El gran Ayante Telamonio y Ulises compiten. La lucha es intensa y
pareja. Aquiles detiene el combate al ver que están igualados, declarándolos
ambos ganadores y dándoles premios iguales.
-
Carrera a pie: Se anuncian los premios (cratera
de plata, buey y medio talento de oro) .... Participan Ayante de Oileo, Ulises
y Antíloco. Ayante toma la delantera, seguido de cerca por Ulises. Atenea ayuda
a Ulises a ganar. Ayante resbala en estiércol y se queja. Ulises gana la
cratera, Ayante el buey y Antíloco el oro. Antíloco, al recibir su premio,
elogia a los mayores, especialmente a Ulises y Aquiles. Aquiles le da a
Antíloco un medio talento extra de oro.
-
Tiro con arco: Se anuncian los premios (hachas
grandes y pequeñas). El objetivo es una paloma atada a un mástil. Teucro y
Meriones compiten. Teucro dispara primero y corta la cuerda. La paloma vuela.
Meriones dispara segundo y mata la paloma. Meriones gana las hachas grandes por
haber derribado el ave, y Teucro las hachas pequeñas por haber cortado la
cuerda.
-
Lanzamiento de lanza: Se
anuncian los premios (lanza y caldera) .... Compiten Agamenón y Meriones.
Aquiles reconoce la superioridad de Agamenón y le otorga el primer premio (la
caldera) sin necesidad de competir, sugiriendo que Meriones reciba el segundo
(la lanza). Agamenón acepta y toma la caldera, y Meriones recibe la lanza.
Los juegos concluyen, habiendo
honrado a Patroclo con solemnidad.
Canto
XXIV: Rescate de Héctor.
Los juegos terminan y los guerreros se dispersan.
Zeus responde que no deben enojarse tanto, que Héctor era el mortal más querido
por los dioses y por él, por sus ofrendas. Dice que no robarán el cuerpo, pues
Aquiles siempre está con su madre. Decide que Tetis llame a Aquiles y le diga
que acepte el rescate, y que Iris vaya a decirle a Príamo que rescate a su hijo
con dones. Iris vuela a buscar a Tetis. Encuentra a Tetis y ha llamado para que
vaya a decir a Aquiles que acepte el rescate por el cuerpo de Héctor, pues los
dioses están irritados con él. También le dice que enviará a Iris a Príamo para
que vaya a las naves aqueas con dones para rescatar a su hijo.
Tetis obedece y vuela a la tienda
de Aquiles. Lo encuentra gimiendo, mientras sus compañeros preparan comida. Se
sienta, lo acaricia y le dice que deje el llanto, revolcándose en estiércol.
Iris se acerca a Príamo y le dice que no tema, que Zeus la envía para decirle
que rescate a Héctor, llevando a Aquiles dones que aplaquen su enojo. Le dice
que vaya solo, con un heraldo anciano, y que Aquiles no lo matará, pues no es
insensato y respetará a un suplicante.
Iris se va. Príamo ordena a sus hijos que
preparen un carro de mulas. Príamo insiste, diciendo que ha sido un mensajero
divino el que le ha hablado y que, si su destino es morir en las naves, lo acepta,
con tal de ver a su hijo. Príamo abre las arcas y escoge doce peplos, mantos,
tapetes, palios, túnicas, diez talentos de oro, dos trípodes, cuatro calderas,
y una copa magnífica. Echa fuera a los troyanos que se lamentan, llamándolos
infiel Príamo y el heraldo Ideo parten en los carros. Sus amigos los despiden
llorando.
Zeus ve a Príamo y se compadece.
Llama a Hermes y le ordena que guíe a Príamo a las naves aqueas sin ser visto
por ningún dánao. Hermes obedece, calzándose sus talares dorados. Hermes se
encuentra con Príamo y el heraldo, tomando la figura de un joven príncipe. El y
prudente. Hermes le pregunta si huyen con sus riquezas o abandonan Troya por la
muerte de Héctor.
Príamo se lamenta de la muerte de
Héctor y pregunta quién es Hermes y sus padres. Hermes responde que es servidor
de Aquiles y le dice que ha oído hablar de Héctor. Le dice que vino a la
llanura porque mañana los aqueos atacarán de nuevo. Príamo pregunta si el
cuerpo de Héctor está aún cerca de las naves o si Aquiles lo ha desmembrado.
Hermes sube al carro y los guía, infundiendo vigor a los caballos y mulas.
Adormece a los centinelas y abre las puertas del campamento. Llegan a la tienda
de Aquiles, que es grande y sólida.
Hermes abre la puerta e introduce a Príamo y
los presentes. Hermes le dice a Príamo que él es un dios y lo ha guiado, pero
que se va antes de que Aquiles lo vea. Le aconseja que, entre solo de su propio
padre, que tiene la misma edad y sufre en la vejez sin él. Le dice que él es
más desdichado, habiendo perdido a cincuenta hijos, la mayoría muertos por Ares
y uno (Héctor) por Aquiles. Dice que viene a redimir a Héctor con un inmenso
rescate. Le pide que respete a los dioses y se apiade de él.
Las palabras de Príamo conmueven a Aquiles,
que llora y debe afligirse incesantemente, pues nada logrará. Príamo le pide
que no lo haga sentar hasta que le entregue el cuerpo de Héctor. Le pide que se
lo entregue pronto para poder llorarlo en Troya. Aquiles, mirándolo con torva
faz, le dice que no lo irrite más. Le dice que ha decidido entregarle a Héctor,
pues Zeus se lo ha ordenado por medio de Tetis. Comprende que un dios trajo a
Príamo para que unjan el cuerpo de Héctor fuera de la vista de Príamo, para que
no se aflija y provoque la ira de Aquiles.
Las esclavas lavan y ungen el
cuerpo, lo cubren con la túnica y el palio. Aquiles levanta el cuerpo, lo
coloca en un lecho y los compañeros lo suben al carro. Aquiles se lamenta y le
pide a Patroclo que no se enoje si se entera en el Hades de que ha entregado el
cuerpo de Héctor. Príamo le pide a Aquiles que lo mande a la cama para que goce
del sueño, ya que no ha dormido desde la muerte de Héctor. Dice que ahora ha
probado comida y bebida6. Aquiles ordena preparar camas para Príamo y el
heraldo fuera de la tienda. Le dice a Príamo que duerma afuera para que no lo
vea ningún caudillo aqueo que venga a consultarle, y no se sepa que ha
entregado el cadáver antes de tiempo.
El heraldo y Príamo se acuestan.
Aquiles duerme en el interior con Briseida. Hermes no duerme, pensando cómo
sacar a Príamo sin ser visto. Se acerca a Príamo y lo despierta, advirtiéndole
del peligro de dormir entre enemigos. Le dice que dio muchos presentes por
Héctor, pero sus otros hijos tendrían que dar más para rescatarlo si lo descubren
Agamenón y los aqueos. Príamo se asusta y despierta al heraldo. Hécuba lamenta
a Héctor, diciendo que era su hijo más amado y que los dioses lo protegieron en
vida.
Helena lamenta a Héctor, diciendo
que nunca le dijo una palabra injuriosa a pesar de las ofensas de otros, y que
la defendió con afabilidad y suavidad. Dice que no tendrá amigos en Troya ahora
que él ha muerto. El pueblo gime. Príamo ordena traer leña para el funeral.
Durante nueve días recogen leña planean un banquete fúnebre en el palacio de
Príamo. Así hicieron las honras de Héctor.
Fin de la Ilíada.
Referencia
Segalá, L.
(traductor) (1910). La Ilíada. https://colegiolospensamientos.cl/wp-content/uploads/2023/09/Octubre-I%C2%B0M-La-Iliada-Homero.pdf .
Excelente Blog!
ResponderBorrarGracias!!!!
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